11 de mayo de 2026

La gran reconstrucción

Medio año desde que QVO salió de casa. La uso cada noche, funciona, y justo por eso he hecho lo que nadie hace con algo que funciona: parar y desmontarla entera. Caprichos de desarrollador.

Una app que crece deprisa es como una casa que amplías sin plano. Un cuarto aquí, un enchufe allá, y todo va quedando. Se vive bien, pero sabes que detrás de las paredes hay cables que no llevan a ninguna parte.

Esta semana he pasado revista habitación por habitación. Treinta y ocho piezas que ya no hacían nada: fuera. Siete herramientas que cargaba sin usar: fuera también. Da gusto tirar cosas.

Luego, la fontanería: cómo pide la app los datos y cómo los guarda. Ahora, si la red falla, lo vuelve a intentar sola. Y lo que ya pidió una vez se queda en tu móvil con su fecha de caducidad: casi todo abre al instante y no vuelve a preguntar hasta que toca.

Los datos también salen ganando. Son los mismos de siempre, pero antes daban varios rodeos por dentro hasta llegar a tu pantalla; ahora van directos. Y he puesto orden en cómo se guardan: cada dato tiene su sitio y todo encaja siempre.

Por fuera, QVO parece la misma. Por dentro es otra. Y sobre estos cimientos ya se puede levantar lo que se me vaya ocurriendo, que de eso va la cosa.

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